
-"¿Qué vas a saber de sufrimiento si nunca perdiste una Final de Ascenso?" Cristián Macouzet
Aún recuerdo cuando León se encontraba sumido en la terrible División de Ascenso. Perder una Final comenzaba a hacerse costumbre y me preguntaba con angustia si alguna vez volvería a ver a mi equipo en Primera División. La verdad es que nunca perdí la fe y hasta ejecuté las apuestas más "estúpidas" y arriegadas afirmando que León quedaría campeón del Máximo Circuito antes que Cruz Azul, sin que siquiera se pudiera vislumbrar el Ascenso cerca. Creo que era mi forma particular de expulsar de mi organismo la añoranza que me generaba no saber qué se sentía ser Campeón.
Algunos años atrás, mi primo Beto y yo pasamos varias de nuestras tardes platicando con el gran Capitán Esmeralda, Alfonso Montemayor (Q.E.P.D.), campeón de Liga con el León en 3 ocasiones (47-48, 48-49 y 51-52). Él solía relatarnos las proezas dentro de la cancha y sus experiencias en un mundo futbolístico completamente distinto al de la actualidad. Era inevitable salir de su casa y no sentir un dejo de nostalgia, porque evidentemente la época dorada de León ya había concluido y no nos había tocado vivirla.
-"Me hubiera gustado nacer en 1930. ¡Imagínate haber visto a León bicampeón!"-le decía a Beto cuando nos marchábamos.
Estos últimos días, tan llenos de pasión desbordada, he tratado de reflexionar y descubrir por qué me emociono tanto nada más de ver a mi equipo saltar a la cancha, por qué me tiemblan las manos cada que pasamos de ronda en la Liguilla, por qué se me enchina la piel de escuchar el grito de la afición y por qué me dan ganas de llorar cuando veo las repeticiones de los goles del Ascenso y el Campeonato en el Azteca (y ahora del Bicampeonato).
La respuesta a todas estas preguntas es: Porque desde los 6 años había querido ver a mi León campeón y ni en mi mejor sueño pensé que sería así, tan perfecto. Estoy viviendo una época que nunca me imaginé haber vivido. Mi León no sólo gana; también gusta, juega con alegría, busca el arco rival en todo momento, no se intimida en ningún escenario, llámese Azteca o Maracaná, disfruta la vocación ofensiva, tiene garra, remonta marcadores adversos, mete goles de chilena, de disparos fuera del área o con jugadas de 35 toques. Mi León es un León de ensueño, ¿cómo no volverse loco y desbordarse de pasión?
Soy el loco que se viste de verde la semana entera. El loco que no le va al Barça o al Madrid, porque le va al León. Soy el loco que se disfraza de Bestia para entrevistar a Matosas. El loco que sigue buscando los goles de las temporadas pasadas y que veía una y otra vez la repetición del campeonato del 92, deseando haber tenido más de 4 años de edad. Soy el loco que tiene el Facebook tapizado de la Fiera. El loco que le grita a la tele como si lo oyeran y que estudia las estadísticas como si fueran tarea. Soy el loco que prefiere ir al estadio que a Disneylandia, el loco que no se controla cuando cae un gol. Soy el loco que no lloró en las finales perdidas, pero si berreó en las ganadas...
No cabe duda de que el éxito sabe y se disfruta más cuando se ha estado sumido en el fracaso.
Gracias León de Matosas, porque con un grupo de jugadores hambrientos de triunfo, trabajadores y con los cojones "así de grandes", desplegaste un futbol efectivo y vistoso. Gracias porque me hiciste testigo de goles que parecen poesías. Gracias porque me ilusionaste desde el principio y esta vez no me fallaste al final. Gracias porque me hiciste saber qué se siente ser Campeón... ¡y Bicampeón! Gracias por el Ascenso, por la sexta en el Azteca y por el Bicampeonato en Pachuca, todo en dos años. Gracias porque borraste los fracasos, el sufrimiento y el pasado maldito. Gracias porque hoy nos toca disfrutar y festejar con nuestro equipo. Gracias porque no sabemos si nos tocará volver a ver algo así. Gracias porque ya estás soñando con el Tricampeonato.
Gracias León de Matosas, porque estamos viviendo la segunda época dorada del equipo. Gracias porque estos años han sido increíbles. Gracias porque ni en mis sueños más guajiros, ni en mis apuestas más salvajes me hubiera imaginado vivir esto. Gracias por tantas alegrías, gracias por los sueños alcanzados...
No nací en 1930 para ver al León dorado de los 40's, pero ya no lo digo con nostalgia, lo digo con el pecho hinchado en orgullo y la certeza de que no me pudo tocar vivir en un mejor momento. Después de todo, les podré decir a mis hijos: "¡Yo vi jugar a un León que marcó época! ¡Yo vi jugar al León de Matosas!".



2 comentarios:
Padrísimo nuestro León de Matosas!!! Que bueno que lo dejes bien registrado, para que a quienes no les vaya a tocar vivirlo en el futuro, sepan cómo está siendo!!!
Excelente tus palabras. Eso siento yo, al entrar al estadio, al ver de nueva cuenta los goles del León. Al sufrir, al ganar, al sentir ese bicampeonato.
Gracias por esas palabras
Publicar un comentario