sábado, 17 de abril de 2010

Las cosas que no se pueden creer


El otro día venía caminando de regreso de la escuela, sumido en mis pensamientos, asociando cosas que habían ocurrido, y al final llegué a una teoría (creo que tengo que dejar de jugar tanto Sudoku): ¿Será que todo lo que hace una persona se puede comprobar matemáticamente? Es decir, cuando una persona recibe un estímulo externo, hay una gama de opciones con las que esa persona puede reaccionar. Cada opción tiene cierto grado de probabilidad, mayor o menor, pero finalmente sólo reacciona de una forma en ese instante. Esa probabilidad escogida ¿podría ser calculable?

Si todo lo que ha vivido esa persona, todas sus neuronas y sus genes, el estado de ánimo en el que se encuentra, todas las reacciones que ha tenido frente al mismo estímulo, y el mismo estímulo exterior que recibe, pudieran convertirse en números para formar una ecuación, ¿darían como resultado la reacción? Si se hiciera esa operación correctamente, y después se aplicara el estímulo, ¿la persona reaccionaría tal como lo dictó el resultado?

Voy a tratar de ser más claro, usando el ejemplo que ocurrió y que me hizo pensar en esto (si de plano ya tengo que dejar el Sudoku, me avisan).

En la residencia tengo un compañero al que le decimos Jonás (porque se parece a Nick Jonas), una compañera que se llama Gilda, que es muy amiga de Jonás, otro que se llama Carlos, la novia de Carlos que se llama Selva, y un compañero venezolano que se llama René y está completamente chiflado. Un día a la hora de la cena, Jonás formuló una pregunta (no recuerdo cuál era). Lo que obtuvo por respuesta fue un contundente:

-¿Y eso a ti qué te importa? -de parte de René, quien acto seguido se levantó para ir al mostrador de la cocina por su cena.

René y Jonás son amigos y no estaban peleados ni nada en absoluto. Mientras René no estaba, Carlos y Selva sacaron sus conclusiones del suceso recién ocurrido:

-De seguro a René le gusta Gilda y como está celoso, porque Jonás se la pasa con ella, le respondió así.

Yo puse cara de Whaaaaat?, René regresó con su plato y Carlos y Selva seguían cuchicheando. René que alcanzó a escuchar algo me dijo:

-Así son estos dos, siempre sacando sus teorías.

Mientras tanto, yo pensaba: "René respondió eso porque le nació decirlo. Se le ocurrió y no lo pensó, sólo lo dijo y ya. René está loco (pero ah como me hace reír y como me cae bien)."

Ahora regresado a mi teoría. Entonces con las personas "normales" ¿es más fácil predecir lo que harían? A las personas como René, que hacen cosas porque sí, ¿se les puede convertir en ecuaciones?

¿Por qué me dijo que vaciara choco milk en polvo por la mesa, después se agachó a la altura de ésta, abrió la boca y me dijo que le soplara todo el chocolate, que se lo iba a comer? ¿Por qué cuando soplé el chocolate de verdad movió la cabeza y la boca como si se lo pudiera tragar todo, cuando todos, incluido él, sabíamos que le iba a entrar más a los ojos y a la chamarra que a la boca?

¿Por qué le mandó una carta de amenaza a Gilda por abajo de su puerta, a las tres de la mañana, donde le advertía que debía bajar con su "arma de plumas" en la mañana, porque se iban a dar un agarrón de almohadazos en la cocina?

¿Por qué cuando entró ayer a la residencia, mientras hablábamos de él y comenzamos a aplaudir, gritó: "¡Vaya! ¡Hasta que al fin aplauden!"?

¿Por qué tiró las llaves de Noelia (una compañera de Tucumán) al fuego ayer en la noche y las pudo sacar hasta que ya estaban derretidas?

¿Qué posibilidades había de que él hiciera todo esto? ¿Había una ecuación prediseñada, donde ya estaba escrito que todo eso iba a pasar?

Obviamente no sé la respuesta, gracias a Dios no soy ingeniero. Sólo sé que si mi vida está (o estuviera) regida por números y ecuaciones, a mi me gustaría ser una de esas operaciones con millones de probabilidades, y que al final, la opción más improbable, la que ni siquiera se tomó en cuenta, sea el resultado. Me gustaría ser impredecible, hacer las cosas porque sí, no ser para nada calculable.

Creo que ese tipo de cuestiones son las que le dan sabor a la vida. Las que nos permiten reír a carcajadas en el piso, las que nunca imaginamos posibles. Las que no se pueden creer.

¡Ya me voy a jugar Sudoku! Saludos a todos mis amigos de Entis que me hacen la vida impredecible, a todos los que no me entendieron ni un carajo, y a mis mexicanos, que vaya que los extraño.

PD: A todos los que les mandé el link, era para que leyeran el post de Córdoba, esto se me ocurrió y lo escribí, pero no estaba nada planeado (¡Yeah, ya soy rete impredecible! ¡Yupiiiii!). Lean el de Córdoba también. ¡Saludos!

domingo, 11 de abril de 2010

Odisea en Córdoba




Chavos, el sábado fue el concierto de Placebo, mi segundo concierto en Buenos Aires y la cuarta vez que veo a los británicos bisexuales. Como siempre, estuvo excelente el recital, pero en este post no hablaré sobre eso. Hablaré sobre el viaje a Córdoba que hicimos la semana pasada, y del cual no había tenido tiempo de escribir.

Todo comenzó el jueves pasado, que salimos de la estación de Retiro en Buenos Aires, casi a la media noche, para llegar a Córdoba. El camino fue largo (11 horas) y un poco tedioso, aunque dormimos la mayor parte del tiempo.

Llegamos cerca de las 11 de la mañana del viernes. Se suponía que nuestro amigo Franco, con quien nos íbamos a hospedar, nos iba a recoger puntual ahí. Al ver que Franco no llegaba, y al no tener su número, Manolo decidió mandarle un mensaje a Eloy (otro compañero de la residencia que ya estaba en Córdoba con Franco). Como Eloyo no le respondió el mensaje, decidió marcarle... ¡28 veces! Y nomás Nancy, diría Tobías.

Después de tres horas sentados en una banca, esperando, y de que nuestra amiga Noel, de Villa Allende (a una hora de Córdoba) hiciera intentos de conseguir el teléfono de Franco, (porque el inteligente de Eloyito no lo mandó el día anterior que se lo pedimos), por fin marcó Franco preocupado.

-¡Chicos! ¿Dónde están?

-¡Che Franco! -respondió Manolo en un tono argentino que ya le sale natural- ¿Dónde estás wey? (bueno, eso ya no fue tan argentino) ¡Llevamos 3 horas en la central!

-Perdón chicos, no se desesperen, Eloyón está fuera de combate y no escuchó su celular. Voy a dejar tropas en el camino (Eloyazo) ya voy para allá.

Franco llegó 15 minutos Wookies después, que es el equivalente a media hora terrícola. Él pagó el taxi de camino a su casa, y en cuanto llegamos nos dio jugo de naranja y unos ravioles deliciosos. Además sacó un par de colchones para que nos durmiéramos un rato. El negligente de Eloyín seguía derrotado, y cuando abrió los ojos y nos vio, se rió y preguntó a qué hora habíamos llegado. Vio sus 28 llamadas perdidas y se rió más. "¡Vete mucho a la tiznada!" -pensamos Manolo y yo, sin saber que después las pagaría todas.

Después de dormir como 5 horas, nos dirigimos a Patio Olmos, una plaza de Córdoba. Franco nos dio un recorrido a Manolo y a mí por el centro, mostrándonos la catedral y la Plaza Principal. Después, ya más entrada la noche, fuimos a recoger a las francesas Clementine y Carol, y a la brasileña Luiza (otras chavas de la residencia), al hostel donde se estaban quedando.

De ahí nos fuimos todos a un bar tipo reggae, a tomar una cervecita y a cotorrear a gusto. Caminamos kilómetros de regreso, para acompañar a las chicas a su hostel, y después a casa de Franco. Manolo y yo nos dormimos a las 5 de la mañana, en los colchones que Franco había sacado previamente y Eloyuelo en un sofá que estaba al lado. Bueno, en realidad Eloyote no durmió y a las 10 de la mañana nos estaba fregando a mí y a Manolo con el celular, poniéndolo en nuestras orejas y haciendo que sonara.

Manolo le advirtió:

-Mira Eloy, no te voy a decir nada, pero te las estoy contando.

Eloyo hizo caso omiso y siguió jeringando, hasta que cayó dormido a las 11 de la mañana. Manolo y yo nos despertamos a las 12, y al ver muerto a Eloyito en el sofá, vislumbramos como saborearíamos la venganza. Manolo dobló una sábana, hasta dejar un rectángulo pequeñito y ¡tómala! que se la estrella a Eloyón en la cara... 2 veces.

Elayazo se quejó muy molesto y Manolo sólo le respondió sereno: -Va una.

Ese día nos fuimos a Parque Ziquiman (creo que así se escribe), un pueblo a una hora de Córdoba, donde comimos nuestro primer asado argentino. La carne de verdad estuvo exquisita y comimos como verdaderos reyes. En la comida estuvimos todos, incluyendo a las francesas y la brasileña, además del tío de Franco, su mamá y el novio de su mamá.

-Eloy ¿qué te sirvo? ¿chorizo? ¿morcilla? -preguntó Javier, el tío de Franco.

-No, nada, no como carne -contestó Eloyuelo.

-Ah bueno, ¿entonces te doy una cerveza? -insistió Javier.

-No gracias, tampoco tomo -se resignó Eloyón.

-¿No comes carne y no tomas? ¿Entonces qué haces aquí? Esto es un asado, ¡estás jodido! -le dijo Javier, en tono bromista, pero emitiendo palabras llenas de verdad.

A los pocos minutos llegó Javier con la canasta de frutas y se la puso enfrente a Eloyote:

-Aquí está tu plato Eloy, o si quieres ahí hay paja afuera.

Manolo y yo no podíamos contener la risa, con la plena certeza de que el karma existe. Pobre Eloyín.

Después de comer fuimos a caminar y a montar en caballo hasta un río, en un paisaje y un clima que me recordaban un poco la Sierra de Lobos. Ese día regresamos en la noche, pasando por Carlos Paz, un pueblo muy bonito que tiene el lago San Roque atravesándolo.

Ya en Córdoba íbamos en busca de cospeles (monedas para el camión). Nos paramos en un kiosco y no había, y el último trolebus estaba por pasar. Franco, practicando su mexicano, exclamó: -¡Me lleva la ch!n6ada!

Manolo y yo nos reímos por la imitación del acento, y le indicamos que efectivamente, este era uno de esos casos en que se puede usar la expresión. Después pasaron unas chavas, y Franco que ya está listo para sacar su pasaporte de México, dijo: Hoy me voy a ch!n6ar a una vieja.

Eloyón, al ver que Manolo y yo nos reíamos de las expresiones de Franco, le quiso copiar y exclamó: ¡Hoy me voy a madrear a una vieja!
Nos quedamos los 3 en silencio, pensando si de verdad había querido decir eso, hasta que Manolo nos disipó las dudas:

-Oye Eloy, ¿te vas a agarrar a golpes a una chava?

-No

-¡Pues eso dijsite wey! -le dijo Manolo mientras todos nos carcajeábamos.

-Tranquilo Eloy, no hace falta tanta violencia -le comenté.

Llegamos en la noche a casa de Franco y nos quedamos a ver películas. El día siguiente comimos en casa del papá de Franco. Ahí estaban todas las tías, la abuelita y todos los familiares. Nos preguntaron nuestros nombres y nuestra procedencia, y después les preguntaron a las chicas.

-¿Cómo se llaman?

-Carol.

-Clementine.

-Luiza.

-¿Cómo? ¿Wilson? -preguntó la tía.

-No, Luiza.

Pasaron unos cuantos segundos de silencio, mientras Franco, Manolo y yo nos veíamos. Hasta que Franco exclamó: Si podría ser Wilson (el amigo de Tom Hanks en la película de Naúfrago). Todos nos reímos, incluida Wilson, digo Luiza, y el apodo se le quedó.
Después de comer pollo y pasta como verdaderos muertos de hambre, sacaron los postres: Pastel de chocolate, budín de pan y helado. Ya cuando íbamos por el tercer plato de postre, el papá de Franco les preguntó a las chicas:

-¿Más postre Carol? ¿Clementine? ¿Wilson?

Todos nos reímos a carcajadas.

De ahí Manolo y yo fuimos a Villa Allende a visitar a Noel. Nos paseó por la plaza, nos enseñó una iglesia del pequeño pueblo, y nos invitó a comer pizza hecha por su mamá y a tomar mate a su casa. Estuvimos cerca de 3 horas charlando muy a gusto con Noel, que ya planea visitarnos de nuevo en Buenos Aires. Nos despedimos de ella, esperando poder verla otra vez pronto, y regresamos a casa de Franco, para una noche de poker. Wilson ganó al final y yo me dormí tranquilo de saber que Rosita seguramente estaba en su casa (fui el primero en perder, no sin antes ganar con una mano de un 2 y un 3 de diamantes).

El último día ya sólo estábamos Manolo y yo (y Franco, obviamente), y fuimos a cenar "lomitos" con los papás de Franco, Javier y la abuelita de Franco. Los lomitos eran como una torta de carne, con muchos ingredientes y una mayonesa preparada, que también estaba delicioso. Creo que aumenté 3 kilos en este viaje.

En la cena le pregunté muy serio a Franco que si ya les había dicho a sus papás que era gay. Su papá se le quedó viendo atónito, y Franco atacado de risa comenzó a hacer bromas al respecto. El papá continuó con las bromas, pero advirtiéndonos: -por favor antes de que se vayan díganme que no es cierto, para poder dormir tranquilo.

Nuestro camión a Buenos Aires salía a las 6 de la mañana. Nos levantamos a las 5:45 asustados y el papá nos llevó a toda prisa a la central. Llegamos raspando y ya ni nos pudimos despedir bien. Entonces Manolo le mandó un mensajito al papá de Franco: "Gracias por todas las atenciones, nos vamos muy contentos y con ganas de volver. Y duerma tranquilo, no es cierto, Franco sí es un varón".

Muchas gracias a Franco, a Noel y sus familias por todas las atenciones, por darnos una estancia tan cómoda y por hacer de nuestro primer viaje por el interior de Argentina, una experiencia inolvidable. Esperamos que pronto Franco pueda ir a México para dejarlo 3 horas en el aeropuerto y después tratarlo como un rey.

jueves, 8 de abril de 2010

En Puerto Madero



Las cosas han sido muy buenas por acá. Increíbles. Pero la verdad es que te extraño horrores Villaseñor. Me haces mucha falta. Llego a mi cuarto en la noche, abrazo mi almohada, pienso que eres tú. Rezo por ti, para que estés bien. Rezo para soñar contigo, para soñar que estás aquí.

Veo nuestras fotos, huelo tu perfume, me pongo la chamarra que me diste, para sentir que estás aquí. Tacho los días en mi calendario, leo tus cartas, escucho las canciones que te dediqué, para pensar que estás aquí.

Pero ¿sabes algo? No es lo mismo, no estás aquí. Por más que sueñe, sienta y piense, no puedo tomar tu mano, no puedo abrazarte, ni puedo besarte. ¡No es lo mismo! ¡No estás aquí!

A pesar de eso, a pesar de que no estás aquí (y de que no es lo mismo), te siento muy presente todo el tiempo. Cada cosa nueva que veo, cada persona que conozco, cada situación a la que me enfrento, es una razón para recordarte. Es una razón para pensar que te hubiera encantado estar ahí. Una razón para asegurarme de que conozcas a mis nuevos amigos, porque les encantaría conocer a la persona de la que hablo todo el tiempo. Es una razón para soñar que algún día te voy a llevar a pasear por el mundo y sus rincones.

Hay días que pienso tanto en ti, y que te extraño tanto, que mis actividades cotidianas no bastan para distraerme y no darme cuenta de que no estás aquí.
Esos días salgo a correr. Sé que no voy a dejar de pensar en ti. Sé que incluso voy a pensar más en ti, pero no me importa. Voy a terminar tan cansado que mi cerebro pensará que me fui hasta Guadalajara y te vi de verdad.

Me pongo mis tenis viejos, porque los nuevos me sacaron ampollas (dato cultural), y me dirijo a Puerto Madero. Ahí he visto a miles de parejas abrazadas, mientras observan el agua calmada. Besándose con un atardecer de fondo. Caminando de la mano, mientras la Luna llena las espía.

En Puerto Madero la gente está sonriendo. Los turistas toman fotos, los niños andan en patines, los señores pasean a sus perros. En Puerto Madero es donde quisiera estar contigo, para que veas lo que yo veo. Para abrazarte, besarte y recorrer el puente Mujeres sosteniendo tu mano.

En Puerto Madero es donde recuerdo los momentos que he pasado contigo y sonrió mientras corro. En Puerto Madero es donde las cosas dejan de ser normales, porque siento que estás a mi lado, cuando en realidad ocho mil kilómetros nos separan.

Es en Puerto Madero, donde estaremos un 26 de octubre, para que veas que no exagero, para que sigas enamorada de mí. Tal vez en Puerto Madero no están las construcciones más impresionantes, ni el agua más cristalina, ni los barcos más grandes. Pero en su conjunto, Puerto Madero es el rincón del mundo, que más se acerca a persuadirme de que estar ahí, pensando en ti, es casi lo mismo, que estar contigo.

Te extraño mi amor.

Espero que todos tengan su "Puerto Madero" a donde acudir, cuando esa persona especial les hace falta, para que engañe a su cerebro por un instante y les haga pensar que están juntos. Saludos a todos, voy a "correr", pero esta vez sin ropa deportiva y con cámara en mano.