sábado, 26 de diciembre de 2009

Sin importar cuántas reglas se tengan que romper



Todo comenzó hace tres años y medio, en los Interjesuíticos del Ciencias. Yo era apenas un adolescente de sexto de prepa con miedo de hablar con las niñas, ella era la niña de cuarto de prepa (y del mundo) más bonita que yo hubiera visto jamás.

-¡P¡nch3 perro suertudo!- maldijo Adrián mi hermano cuando vio que ella me iba a hospedar- ¡Está bien huapa!

Su nombre era Rosita, sus ojos verdes esmeralda y su sonrisa permanente. Cualquiera se hubiera enamorado sin siquiera intercambiar un par de palabras. Después descubrí que no sólo era bella; era amable, simpática, risueña... No teníamos ni dos horas de conocernos y ya reíamos como loquillos. Me burlaba de su horrible escuela, se burlaba de mi horrendo pueblo, terminábamos riendo de nuevo.

Todo era tan bueno como imposible. Sin duda era la niña perfecta, que sin embargo, vivía perfectamente lejos. Recuerdo que no me hice ilusiones, la conocí, pasé la mayor parte de los días con ella, me perdí en su mirada, nos reímos... Llegó el último día. Las últimas horas de una semana que jamás olvidaré, los últimos minutos de algo que en realidad era el principio. Nos despedimos sonrientes, yo inundado de nostalgia, agradeciendo el haberla conocido, recordando que pertenecía a otro lugar.

¿Cómo puede un escuincle de sexto de prepa hacerse ilusiones con alguien que está tan fuera de sus manos? Y ¿cómo diablos puede siquiera atreverse a pensar en ser correspondido por esa persona, si es la más alegre, la más hermosa, la más sencilla, la más perfecta? Ella nunca se fijaría en mí. La demanda era mucha y yo no tenía nada que ofrecer. Había miles mucho más cerca... "Mejor olvídala Macouzet" -pensé.

Después descubrí que uno se podía hacer ilusiones a pesar de semejantes adversidades, pero yo ya no iba en prepa y ella se había fijado en mí (o eso decía). Me encontraba en Chicago pasando el invierno más horrible y solitario de mi vida. Ya tenía más de seis meses ahí. Extrañaba mi país, mi gente.

Hablamos después de casi medio año sin saber nada el uno del otro, precisamente en ese invierno de pesadilla. Le confesé que me gustaba, no sin que antes ella me hubiera insinuado lo mismo (como seis veces, para estar seguro). Me correspondió de inmediato. ¡El sueño del escuincle mocoso de prepa se estaba volviendo realidad! Sólo había un problema, el mismo perfecto problema que antes: La perfecta distancia, más lejana ahora que nunca. Pero no importaba, ¿cómo un detalle tan insignificante iba a arrebatarme a la niña de los ojazos?

Sobreviví al invierno pegado al monitor, esperando cualquier señal de ella. No me faltaba tanto para regresar a León. No podía ser tan difícil, aunque sus señales llegaran cada quince días, cada tres semanas o una vez al mes.

Volví a México por unos cuantos días en unas vacaciones inesperadas. Regresé a su casa, la vi a los ojos de nuevo, comprobé cuanto la quería, pero no me atreví a dar un paso más. La espera había valido la pena, pero mi travesía en el extranjero no había culminado, mi batalla contra el invierno estaba a la mitad. No me atreví a preguntarle si quería ser mi novia, mucho menos a besarla. Ya no iba en prepa, pero aún era un niño, aún tenía miedo.

Otra vez en Chicago. Cada vez con menos frío y con la certeza de que regresaría muy pronto a México (la Migra me había deportado). Jamás creí que un oficial gordo y gringo pudiera hacerme tan feliz: Me estaba obligando a ir a dar el último paso. Sería una gran sorpresa para ella cuando me viera en los Inter de León, exactamente un año después de que nos conocimos.

Ya en mi querida ciudad, el que se llevó la sorpresa fui yo. Ella ya tenía novio y yo ni enterado. ¡Maldita sea! No di el último paso a tiempo, no entendí la falta de señales, me dejé llevar por mi deseo y ahora estaba pagando las consecuencias. Maldije mi suerte durante meses, contramaldije a las mujeres (véase el post "Oda a Manola"), me carcomió la amargura. Había sido un completo estúpido. Nunca andaría con alguien a distancia. ¡Nunca! (¡Y menos del Ciencias!).

Pasó el tiempo, proseguí mi camino después del desahogo, entré a la carrera, conocí muchos nuevos amigos, conservé a los antiguos, la borré de mi mente. Un año y medio después llegaron tiempos difíciles a mi vida. Todo estaba del carajo, todo era una pesadilla que me hacía recordar con añoranza el asqueroso invierno de Chicago.

Necesitaba distraerme, despejarme un rato, así que regresé a Guadalajara a un concierto. Mi enojo se había disipado y la melancolía me llamaba a saber de ella. Por fin le marqué. Para mi decepción ella estaba en exámenes y sólo me podría ver algunos minutos del día siguiente. Me dirigí a su casa dubitativo, con cierta ilusión de recuperar una amistad, con ganas de contarle todo el infierno por el que estaba atravesando, pero con la certeza de que no iba a hacerlo.

Me recibió, pero se mostró fría, indiferente. Fingí ser el mismo niño estúpido de prepa que fui, aunque ella quizá no lo notó. La vi muy poco como para que notara algo. Regresé a León sabiendo que esa amistad estaba perdida para siempre...

Después de meditar lo sucedido, llegué a mi casa a escribirlo todo, denotando la pena que me embargaba, porque yo de verdad la había querido. Escribí una carta que nadie nunca vería, una carta que permanecería sepultada entre los borradores sin publicar de mi blog. Una carta dirigida a ella, la carta más sincera que pudiera escribirle, porque después de todo, jamás la vería.

Continué mi camino, sané la herida. La vida me estaba sonriendo de nuevo y siempre permanecí rodeado de personas valiosas. Ya no me importaba no volverla a ver... Pero la vida tiene formas misteriosas de actuar. El destino es más fuerte que uno y todas sus necedades. Se disfraza de coincidencia y ataca en el momento preciso para regresar todo a donde pertenece (o a donde debería permanecer).

Hace dos meses dejé la computadora prendida, subiendo un video. Ya entrada la noche subí a apagarla. De pronto noté que ella estaba conectada al msn, lo cual era muy raro, ya que se conectaba como dos veces al año. Sin pensarlo mucho y con cierta indiferencia la saludé para comprobar si seguía viva. Seguramente no me respondería, apagaría la computadora y me largaría a dormir.

Para mi sorpresa, me contestó muy efusiva, como si estuviera en prepa. Me preguntó muchas cosas, platicamos durante horas. Parecía noche de confesiones, recordando viejos tiempos, sonrojándonos al lanzar una nueva verdad al aire. Fue ahí cuando recordé la carta sepultada. Se la mandé sin pretender nada. Sólo quería que la viera, y que la tuviera. Ese día me fui a dormir contento de haber recuperado a una amiga.

A partir de ahí, ella me comenzó a buscar DIARIO. Me mandaba mensajes como nunca los mandó. Me pidió mi celular, se conectaba tres veces al día para ver si yo estaba conectado, ¡me acosaba! (Bueno, no tanto así). Sin embargo, yo ya no estaba interesado. Ya me había pasado una vez y no me volvería a ocurrir. Además, pronto me iría a Argentina, y yo ya me había impuesto la regla de irme a Argentina soltero, así que no mostré signo alguno de correspondencia... hasta que un día, estando yo en los Inter de Puebla (malditos Inter, algo tienen), me llegó una carta de ella. La carta más hermosa y sincera que he recibido, llena de confesiones, halagos, arrepentimientos y deseos imposibles de cumplir (porque requerían que rompiera todas mis reglas).

Una carta donde me decía que me quería, que sabía que yo la había querido así alguna vez, y que si no se habían dado las cosas había sido por su culpa, que no me pedía que la quisiera, ni que la correspondiera, pero que si sí se podía... estaría bien padre.

Entonces lo pensé. Lo pensé mucho, porque yo ya me iba a Argentina, porque ya me habían roto el corazón una vez, porque ella seguía viviendo en Guadalajara. Lo medité mucho, porque ella era otra vez la niña sencilla y amable que conocí en prepa, porque ella tenía dos años sin novio y no precisamente por falta de pretendientes, porque Guadalajara ahora estaba más cerca que hacía dos años (antes no tenía ni dinero, ni coche para ir allá), porque nunca nadie había luchado con tanta insistencia para que la perdonara... porque al final de cuentas ella me recordaba los momentos más felices de mi vida.

Y de pronto no fue cuestión de pensarlo. Ya no lo pensaba, ya lo estaba sintiendo. Todos los días tenía detalles hermosos conmigo, la sentía muy cerca a pesar de la distancia. Así que decidí mandar al carajo todas las reglas que me había impuesto, porque lo que sentía difería de lo que pensaba, y lo que sentía era mucho más fuerte. Imposible de ignorar.

Regresé a Guadalajara con intenciones de, por fin, dar el paso que no di años atrás. Estaba nervioso, debo admitirlo, aún tenía mis dudas. Pero después de ver sus hermosísimos ojos, y de ver como me veían, de ver como sonreía, como quedaba atónita por mi simple presencia y de sentir como me abrazaba, todo quedó demasiado claro: "¡Adoro a esta mujer y esos ojazos tienen que ser míos!"-pensé.

Y es así como un escuincle mocoso de prepa cumple sus sueños tres años y medio después. Es así como un corazón roto vuelve a latir como nunca había latido antes. Es así como un pobre diablo sale del infierno y entra a un paraíso que jamás imaginó que pudiera existir. Es así como la vida da vueltas y el destino, disfrazado de coincidencia, finalmente llega a poner orden. Es así como las almas gemelas se juntan.

Es así como un mes después de que la niña de los ojazos está a mi lado, puedo afirmar contundentemente que toda la espera, todas las caídas y todas las decepciones, valieron la pena para que llegara este momento. Es así como uno llega a estar más feliz que nunca en su vida. Es así como los dos nos damos cuenta de que queremos estar juntos, sin importar cuántas reglas se tengan que romper.


¡TE AMO ROUS! ¡SABES QUE SIEMPRE LO HARÉ!

viernes, 25 de diciembre de 2009

La puerta

¡Feliz Navidad a todos!


domingo, 27 de septiembre de 2009

Con un peso menos encima (o cuarenta mil)



¿No te ha pasado que cuando crees que nada podría ser peor, ocurre algo que empeora tu situación, y comienzas a reírte porque no puedes llorar, y quieres golpear a todos, pero también quieres que te abracen, y sabes que Dios te odia, pero te niegas a decirlo porque te da miedo que llegue un cholo a orinar en la cerradura de tu coche? ¿En serio no les ha pasado? Bueno, entonces definitivamente tienen que conocer esta historia:

Todo comenzó el día de ayer, un sábado por la mañana. Corrijo, empezó hace dos semanas. Las dos semanas habían sido abrumadoras. El día que corté con mi novia me entero de que algo terrible pasó en casa, pero mi mamá se niega a contarme hasta el día siguiente. Cuando lo hace, mi coeficiente intelectual me permite concluir que: "Ya todo valió madres" -traduciendo las dulces palabras de mi santa progenitora en una frase que me dejara todo más claro y menos tranquilo.

Por si fuera poco, saco puros 9 en la escuela. El problema es que dos de esos nueves están al revés. Desde Ámsterdam me llega el mail de dos renglones más resentido que he recibido y no sé como responderlo. Es difícil contestarle a tu padre. Mi mamá comienza a vaciar el clóset de mi papá, mete todas sus cosas de la oficina en bolsas negras y ordena que el Lunes pasen por ellas.

Todo eso en dos semanas y yo estoy desvelado, desmañanado y con un largo día de grabación por delante. Sábado por la mañana. Ya quedé de verme con Torres en el Rosario para grabar las escenas de un cineminuto que tenemos que entregar el miércoles. Cargo todo el equipo de grabación en mi Pointer blanco, que ni siquiera es mío aún. Llego puntual a la cita, pero el resto del equipo se demora otros quince minutos.

Sacamos del coche sólo lo que vamos utilizar: Cámara, tripie, rieles. Al fin de cuentas el auto está justo enfrente de nosotros. Hay muy buena disposición por parte de todos, las tomas son agradables y se respira un ambiente de camaradería. Dan las 11:30 y yo tengo que pasar por Tobías, el actor que interpreta a un asaltante. Anuncio mi partida al resto del equipo y me dirijo al Pointer.

Por alguna incomprensible razón, la puerta está abierta. Me asomo, la maleta de las luces Arri está volteada, el asiento recorrido, la chapa forzada (y gracias a Dios no está orinada). "Carajo" -me lamento con enojo y con ganas de patearle las gónadas a un cholo. Regreso a dar la terrible noticia. No podemos creer que se hayan robado el equipo de luces de la cajuela, que hayan forzado la chapa del coche, sin orinarla, y que se hayan ido caminando tan campantes enfrente de nueve individuos, en una colonia "segura".

Sin más remedio me dirijo a casa de Tobías mientras el resto del equipo continúa la grabación. Estoy ardido hasta los huesos. La impotencia me carcome. Trato de suavizar las cosas con un buen disco y ahora si me carga la desgracia: ¡Se robaron mis dos discos originales que traía! ¡Carajooooooooo! ¿Se robaron algo más los pobretones, cholos, muertos de hambre? La respuesta es afirmativa. Se robaron mi maleta con mis pantalones, mi camisa y mi chamarra para ir a una primera comunión en la tarde.

Llego por Tobías y me pregunta la razón de mi demora. Le explico el percance del pequeño robo de unas luces de $40 000 pesos. No puede evitar reírse de mi desgracia a carcajadas, mientras hace las comparaciones de a cuántos conciertos y a cuántos viajes a la playa podría ir uno con ese dinero.

-¿Y entonces para qué me querías grabar de ladrón? Hubieras puesto tu coche de carnada, escondías la cámara y cuando los cholos se fueran con las cosas les disparabas con una pistola de electro-shocks. -Continuaba burlándose de mi deplorable situación. Sin embargo, lejos de desanimarme, esos comentarios me hicieron recuperar un poco la calma, tomar las cosas más a la ligera, seguir ardidísimo y con ganas de patearles las gónadas al cholo y a Tobías.

Llegando al lugar de grabación mis compañeros me informan que debo ir al Ministerio Público a hacer la denuncia y que probablemente nos toque pagar $6 600 pesos a cada integrante del equipo, según el encargado de los laboratorios de video. (Tobías no puede parar de reír al escuchar la cantidad).

Regreso a Tobías a su casa, aviso a mi mamá que no llegaré a la primera comunión y me dirijo al ministerio con Manolo. Al llegar, sólo me dejan entrar a mí. Manolo espera dos horas afuera y como ni siquiera me han atendido, le digo que se vaya, que yo me encargo.

Al lado mío espera un señor de aspecto humilde y con los ojos completamente rojos. Después de otra hora de silencio interminable, me comparte que se encuentra ahí porque su hija está desaparecida. Se me parte el corazón, me doy cuenta de que $40 000 pesos no es nada, y menos entre seis personas, tres meses de colegiatura y tanto tiempo. Cuarenta mil pesos es sólo una cifra, pagable. Caigo en cuenta de que no estoy preocupado por el paradero de mis seres queridos, ni por si voy a tener que comer mañana, ni por si voy a despertar vivo después de estar agonizando.

-¿Crees que regrese? -me pregunta el señor con un hilo de voz. Evidentemente tenía los ojos rojos porque no había dormido en toda la noche.

-Sí, va a volver. -Le respondo solidariamente y con una extraña sensación de tranquilidad. Con un peso menos encima. (Y no te apures, van a ser $6 600 pesos menos de encima, diría Tobías).

Entro a declarar. Cuento toda la historia tal y como ocurrió. Le muestro el coche sin la chapa orinada al abogado, levanta la denuncia y me aconseja que rece porque la Ibero tenga aseguradas las luces y nos toque pagar solamente el deducible.

Cuatro horas después llego a mi casa. Creí que llegaría a dormir derrotado, o a llorar las desgracias de la vida o a esperar solo a que anocheciera. Pero no, tengo ganas de ir a la primera comunión, tengo ganas de recorrer toda la ciudad por cuarta ocasión en el día, de ver a mis primos y de comer recortes de ostias.

En el salón de la fiesta como delicioso, mis tíos y primos se ríen de mí. De vez en cuando me preguntan algo en serio para que no me sienta tan mal. Ellos no saben que Tobías ya agotó todas las bromas del tema. Después recuerdo que León juega a las 8:00. Fiel a mi equipo, asisto al estadio para presenciar una magnífica goleada de 3-0 contra el Veracruz.

Recorro la ciudad por quinta ocasión. Destino: El Clásico. ¡Bendito Pointer que todavía no es mío! No he gastado ni medio tanque de gasolina. Nunca he sido mucho de antros, sin embargo paso una de las mejores noches de mi vida. Todos mis amigos están ahí, Raúl se va a llevar mi coche y yo ya gasté $170 pesos, que se supone que no tengo, en la botella. Hoy voy a ahogar las penas en alcohol.

-Que rara es la vida ¿no, Monss? -alcanzo a preguntar mientras me sirvo una cuba que no puede mas que llevarme a la perdición.

Monsse, que conoce mi situación mejor que nadie, me da la razón. Al final llegamos a la conclusión de que tenemos problemas, pero también soluciones. Hay malos ratos, pero también hay momentos inolvidables. Hay desgracias, pero también hay recompensas. Y teniendo amigos como los que tenemos es más fácil superar los problemas, olvidar los malos ratos y verles el lado bueno a las desgracias. Es más fácil encontrar soluciones, disfrutar de los momentos inolvidables y compartir las recompensas.

-¡Pero hoy me voy a ahogar en alcohol! -concluyo sabiendo que lo tengo todo... o bueno, si alguien me quiere regalar unas luces Arri o $40 000 varos, no me agüito.

¡Saludos a todos los que fueron parte de mi día ayer! ¡Son lo máximo!

PD: Si, rompí 4 vasos en el Clásico, pero creo que se me perdona por esta ocasión. ¡Además no tengo varo pa' pagarlos!

sábado, 15 de agosto de 2009

Lisztomania - Phoenix



So sentimental.
Not sentimental no.
Romantic not discussing it,
Darling I’m down and lonely.
When were the fortunate only?
I’ve been looking for something else,

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(Sólo aparece en el disco esta parte)

Too late, too late, too late,
She’ll be late, too late, too late.
So go slowly discourage,
Distant from other interests,
On your favorite weekend.
Ending this love for gentlemen only.
That’s where the fortunate only.
I’ve been looking for something else,

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These days it comes, it comes,
it comes, it comes, it comes and goes.

A Lisztomania.
Think less but see it grow,
Like a ride, like a ride ooooh.
Not easily offended,
Know how to let it go
From the mess to the masses.
(repeat)

Fall on this cast in steel.
Discuss, discourage,
On this best dressed weekend
Ending this love for gentlemen only,
Wealthier gentlemen only.
Now that you’re lonely,
Too late, too late, too late,
She’ll be late, too late, too late.
So go slowly discourage,
We’ll burn the pictures instead.
When it’s all over we can barely discuss
For one minute only.
Not where the fortunate only.
But I better be something else.
These days it comes, it comes,
It comes, it comes, it comes and goes.

A Lisztomania.
Think less but see it grow,
Like a ride, like a ride oooh.
Not easily offended.
Know how to let it go,
From the mess to the masses.

A Lisztomania.
Think less but see it grow,
Like a ride, like a ride oooh.
Not easily offended.
Know how to let it go,
From the mess to the masses.

This is show time, this is show time, this is show time
ohhh.
This is show time, this is show time, this is show time.
Time, time is your love, time is your love, yes time is your love!
Time, time is your love, time is your love, yes time is your love!

From the mess to the masses,
A Lisztomania.
Think less but see it grow,
Like a ride, like a ride oooh.
Discuss, discuss, discuss, discuss, discuss
Discourage.

lunes, 13 de abril de 2009

Ampliar el mundo de vez en cuando



¿Sabes? Últimamente he olvidado la sensación con la que vivía de no querer despertar. Los días eran pesados y no había una sola motivación que me impulsara a levantarme. Días inundados de rutina y faltos de emociones.
Al parecer he enterrado ese pasado insípido. Las dos últimas semanas han estado tan cargadas de alegría, que es difícil imaginar lo fastidiado que me sentía.

Es increíble como el hecho de conocer gente nueva, hacer actividades nunca antes realizadas y poner tu empeño en lograr algo que todos quieren, es suficiente para volver a reír. Para esperar el día de mañana con ansias, para no dormir, para trabajar con gusto hasta el cansancio, para decir unas cuantas cosas sin pensarlas y que no importe, para soñar despierto, para quedarte sin aliento, para gritar hasta que la garganta te duela, para enfermarte y hacer las cosas mejor que cuando estabas sano, para darte un respiro, para sorprender a todos con un talento oculto, para conocer otra realidad, para darle sentido a tus creencias, para improvisar como si tuvieras siglos de práctica, para llorar de alegría, para compartir una forma de pensar, para reconocer que el mundo es hermoso y no está lejos.

Las personas son el mundo y las personas con las que convives son tu mundo. No hace daño ampliar nuestro mundo de vez en cuando. Es bueno salir a dar un poco de nosotros. Al final siempre terminas recibiendo más... mucho más.

Gracias Dios por estas dos semanas que apenas concluyeron. Gracias por darme a entender que ser feliz depende de mí. No es complicado. Ayúdame a que estas dos semanas se conviertan en tres, cuatro, cinco y mil más. Ayúdame a regresar a mi rutina, pero que ésta deje de serlo.

Estoy listo otra vez, para vivir como cuando no tenía problemas. Para soñar que era rey. Adiós tristeza, adiós enojo, adiós soledad, adiós monotonía. Soy libre. No puedo estar feliz todo el tiempo pero puedo intentarlo. Soy libre, soy feliz.
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Ah, de verdad amé los Interculturales en Puebla y las misiones 2009 en Cheratillo. Sería imposible narrar todas las anécdotas en un simple post, así que dejo este pequeño escrito como recuerdo de lo enamorado que terminé, después de estas dos gratísimas experiencias y sabiendo que tengo cientos de fotos que narran lo sucedido mejor de lo que yo podría hacerlo. Saludos a todos los que compartieron alguna de estas experiencias conmigo.

domingo, 8 de febrero de 2009

Dos palabras: Telavolaste Jaime!


Parece que el año continúa bien después de todo, a pesar de que llevo algún tiempo de huerfanito (probecito, muy sufridito), porque Adrián sigue de chiqueón en Chicago con mis papás.

Hoy les contaré de la odisea que vivimos el viernes pasado:

Salimos de León rumbo a Guadalajara Beto, Berni, Renée, Pancho pelón, Laura Elena y su mamá, Maye, Chol y yo, con el súper chofer Carlos Gil papá, a quien le estaremos eternamente agradecidos por su condescendencia de llevarnos hasta el teatro Diana, con una eficiecia como nunca mis ojos concierteros habían visto.

El camino de ida fue muy ameno, platiquillas cotorras, música de mi iPod y Hot Nuts de Maye. Todo iba extraordinariamente, hasta que bajamos en la última caseta para llegar a Guadalajara. Estábamos a tan sólo media hora de nuestro destino y faltaban casi dos horas para que comenzara el concierto. Subí a la camioneta después de haber firmado el baño, no sin antes revisar mis bolsillos en caso de que algo faltara: iPod... si, cartera... si, pantalones de concierto... si, boletos... ¿boletos? no. ¡¿No?! ¡Boletos no!

¡Que no cunda el pánico! -pensé- ¿Para qué estreso a todos la media hora que falta de camino? Mejor no les digo nada, hasta que lleguemos... ya se me ocurrirá algo para entrar.

No cabe duda de que soy un genio (si, a pesar de que olvidé los boletos tengo el descaro de decir que soy un genio), de haberles confesado la verdad, me habrían degollado en la camioneta cuando vieran que el tráfico estaba cual DF en plena manifestación.

Llegamos al teatro 55 minutos antes de que comenzara el concierto. Todos se bajaron muy felices de la camioneta, cruzaron la calle y me preguntaron por los boletos.

-¡No los traigo! -confesé.

-Siiiiii, Macouzet, no los traes, ya dámelos -ordenó Maye.

-Es en serio, no los traigo -le dije vaciando mis bolsas.

El ahijao' que presenciaba incrédulo la escena y con los ojos desorbitándosele, exclamó:

-¡Ay, no mam3s!

-Los dejé en mi mochila en tu casa. Ya ves, por andar carrereándolos para que nos fuéramos, se me olvidaron. Es su culpa -le dije riéndome.

El ahijao' no aguantó más mi insolencia, sacó una pistola y me dio un balazo en el hocico (bueno, de haber traído la pistola lo habría hecho).

-¿Y qué vamos a hacer? -preguntó Maye.

-Tranquilos, yo me encargo -repliqué.

Le pedí sus boletos a Renée (gracias a Dios ella tenía el suyo y el de Pancho) y fui a hablar con un guardia. Le expliqué la comiquísima situación de que compré nueve boletos, pero siete los dejé en León, que nuestros lugares eran del 13 al 21, y que quería entrar ¡pero rapidito! (Jajaja siiiii, como no).

El guardia muy amable habló con la mera mera, y la mera mera, que después descubrimos que se llamaba Rosa Carmela, o algo así, nos dijo que por tratarse del señor Macouzet, por supuesto que entraríamos, con la condición de que nadie más reclamara esos lugares.

En lo que daban la primera llamada esperamos afuera. Como íbamos todos muy guapos y alegritos, llegaron varios fotógrafos de diferentes sitios de internet y periódicos a tomarnos fotos para publicarlas.

-Ya ven, gracias a mí se van a hacer famosos -seguí festejando mi estupidez.

Berni y Beto me dijeron que no preocupara, que mi "despistación" provenía de mis genes y que le diera las gracias por eso a mi querido padre... y después me agarraron a zapes con unas propagandas del festival de cine de Guadalajara.

Por fin dieron la primera llamada, y la mera mera, Rosa Carmela, no sólo nos dejó entrar sin boletos, sino que nos explicó personalmente donde estaban nuestros asientos, y nos indicó que con sólo decir que éramos de León, el guardia nos dejaría entrar.

Entramos cuales personajes VIP, incluso seguidos por una edecán rubia, que casi ni le provocaba brotes de saliva a Chol. Nos condujeron a nuestros lugares y esperamos ansiosos a que saliera Jaime.

Nadie abrió el espectáculo, así que Jaime salió a las 9:15 y de inmediato se conectó con la gente. Nos saludó en español, e incluso la última estrofa de la canción "Carry You Home" lo cantó en español.

Cantó sus mejores éxitos como High, Goodbye My Lover, mi preferida I Really Want You, Wiseman, The Brightest Star, You're Beautiful, Shine On y Same Mistake, entre otras.

También cantó dos canciones que no estaban en ningún disco, por lo que mi ahijao' y yo coincidimos en que una de las canciones podía llamarse "Around the World" (por el número de veces que repitió esa frase), o también podía llamarse "F*ckin' With a Horny Elephant". O tal vez no. Así como podíamos estar bien, también podíamos estar mal. A estas alturas del concierto, Maye ya había instruido a Bernardo acerca del arte de aceptar alcohol sin titubear.

Pasada una hora y media de intensas interpretaciones, tirando la silla del piano varias veces y tocando la guitarra mientras bailaba, James dio comienzo a la última canción de una muy agradable velada.

Mientras tocaba 1973, el grupo de staff colocó sombreros de charro en cada una de las cabezas (bueno, nomás en las descubiertas) de los integrantes de la banda y de Jaime. Cuando la canción estaba por terminar, James se desquició y demostró estar más loco que Next Metal Mexicano, montándose en el piano y balanceándolo peligrosamente, casi hasta caer.

Se despidió entre una ola de aplausos, hablando como cabra en celo y dejando eufórica a la multitud. Jaime indudablemente cumplió, aunque nos dejó con ganas de oír "Cry" y "Tears and Rain"...

El regreso fue leve y las 2:00 am ya estábamos abriendo la puerta de casa del ahijao'. En cuanto entramos revisé las bolsas de mi chamarra y exclamé:

-¡No mams! ¡Aquí estaban los boletos!

Ya iba Bernardo por un bat para golpearme, cuando agregué:

-¡Eeeeeyn! Si los dejé en la mochila.

Después de entregarles sus boletos intactos, nos dirigimos a dormir y a soñar con pianos bailarines y cabras habladoras...

¡Que buen concierto chavos! Y tienen que admitir que lo mejor de todo fue que se me olvidaran los boletos. Jajaja De nada, de nada, cuando quieran vuelvo a hacer que los traten como VIP.
Un saludo muy especial a todos los fregonazos que entraron sin boleto... y también a Renée y Pancho que si traían el suyo... y a una niña bien hermosa que escuchó las de I Really Want You y You´re Beautiful desde Acapulco.

sábado, 3 de enero de 2009

La verdadera historia de cómo empezamos bien el año


Bueno chavos, aprovechando que todavía no hay mucho que hacer y que tengo ganas de escribir, les voy a contar la verdadera historia de como empezamos bien el año, y he decidido titularla: "La verdadera historia de cómo empezamos bien el año".

Todo comenzó una bella noche, en el cálido invierno de la hermosa ciudad de León, Guanajuato. Era una noche oscura, como cualquier noche, pero con la peculiar peculiaridad de que era 31 de diciembre. Estabamos a unas cuantas horas de recibir el año nuevo.

Yo ya me había encargado con anticipación de invitar a los queridos Chiquibandos a una "pequeña" reunión que celebraría en mi casa, con motivo del motivo, y los esperaba con unas ricas botanas y un twelve de Indio que estaba de promoción.

Cuando bajé las escaleras (porque me encontraba en la oficina), cual fue la linda sorpresa que me llevé: ¡Había un regalo bajo el árbol! Me acerqué cauteloso, como quien no puede creer que Santa haya llegado un 31 de diciembre, revisé la tarjeta adjunta a la envoltura y... vi que el regalo era de mi mamá, para dárselo a una de sus amigas. En fin, también abajo ya se encontraban Jechus, Ayala y Ro Madrazo, en compañía de mi carnal.

Los siguientes en llegar fueron Ro-Ro y Chiunti, quienes se burlaron de la desastroza idea de mi hermano y Ayala, de ir al Studio en año nuevo.

-No los van a dejar entrar -decía Ro-Ro.

-¡Claro que sí! -replicó Adrián- ¡Ya tengo IFE!

Y sacando su credencial de elector de la cartera, la ondeó por los aires, desplegando un haz de una luz blanca y cegadora. Chiunti rogó por piedad y pronunció las palabras que Adrián pensó que diría el cadenero:

-¡Hey, quitense todos de la fila! ¡El joven ya tiene IFE! ¡Denle la mejor mesa!

Partieron los ingenuos jóvenes, al igual que Jechus, pero arrivó Alejandro. Nos acabamos la botana entre los cuatro y recibimos el año a las meras 12, con saltos de júbilo, abrazos cálidos, apretujones enfermizos y pellizcos de nalgas.

Después llegaron más personajes ilustres como Torres y Mayito, y yo decidí sacar los cuetes que compré en Michoacán. Mayito, que traía el diablo por dentro (se le notaba en sus ojos maliciosos y llenos de sombras negras alrededor), dijo que iba a amarrar al niño Dios a un barreno.

Antes de llevar a cabo su malévolo plan, aventó una cebollita prendida, pero como quería que llegara hasta el cielo, bricó lo más alto que pudo y suspendido en el aire la lanzó. Dios, que prescenciaba todo desde el cielo, movió el escalón de la entrada de mi casa, para que Mayito se torciera el pie y le saliera una rodilla arriba del tobillo.

Para desgracia de Mayito, vio como su cebollita cayó justo al lado suyo y jamás prendió.

-¡Ah, me duele! -lloriqueaba Mayito como cuando su papá judío le hizo la circuncisión con un cuchillo de cocina, enfrente de todos.

-¡Ándele! -eso le pasa por andar de blasfemo- nos reímos todos.

Instantes después, llegaron los ilusos jóvenes, llenos de frustración (menos Ro Madrazo, que no fue al Studio por ir a ver a su pretendienta y los dejó esperándolo 40 minutos).

-¡No manches! -exclamaba Adrián incrédulo- ¡No nos dejaron entrar!

-Pero ¿por queeeeeé? -se burló Chiunti- ¿Que no enseñaste tu IFE?...

Ro Madrazo que también se reía de Adrián, comenzó a cambiar las figuras del Nacimiento de lugar, poniendo a los animales dentro del portal y a María arrodillada frente a Melchor.

Torres y Adrián indignados lo regañaron, pero Ro hizo caso omiso y dejó las figuras en desorden.

-¡Dios ya castigó a Mayito! Te va a castigar a ti también -sentenció Torres.

Se abrió la puerta de la cochera, anunciando la triunfante llegada de mi mamá (y de Paul, Christian, Edgar (Matraca) y Johny). Ro acomodó en dos segundos el nacimiento, pero el daño ya estaba hecho, y Torres le advirtió que no llegaría a su casa esa noche...

Seguidamente decidimos tronar todos los cuetes. Así que juntamos las mechas de más de 50 cebollitas, algunas palomas y bombitas de luz, para prescenciar un espectáculo de luces, digno de Disney Landia y lanzamos un cerillo prendido.
Volaron chispas en todas direcciones y las luces no cesaron por alrededor de dos minutos continuos. La mayoría de los espectadores disfrutaban del evento desde adentro de la casa, a través de la ventana, pero Ro Madrazo se quedó a unos cuantos pasos de los fuegos. Brincó, bailó, gritó y rio de forma desenfrenada. Estaba feliz, cual diablo en el infierno, en medio del reguero de pólvora y fuego, y me tenía al borde de un infarto de tanta risa. (De hecho lo tengo grabado, cuando suba el video comprenderán porqué me reí tanto).

Cesaron las chispas y Rodrigo rio otras dos horas, y después se marchó para llegar a salvo a su casa, rompiendo con todos los pronósticos de Torres.

La fiesta continuó por horas y creció con las llegadas de Tobías, Yema, Apa, Raúl, Riki y Chango. Fue enriquecida por los duelos de mamás entre Chiunti y Paul, y por los chistes malísimos de Christian (pero como nos dieron risa), hasta que finalmente mi santa madre se declaró muy cansada, y al oir que el propósito de año nuevo del Apa era comer chilaquiles el día primero, me pidió que amablemente les dijera que si podían dejarla dormir. (Ay jefa, ni aguantas nada, apenas son las 5:30 am, le dije, pero no me hizo caso).

Christian en señal de protesta, volvió a prender la música y comenzó a cantar al ritmo de Maná:

-Me vale, vale, valeeee. ¡Me vale todo!

Pero a los cinco minutos la volvió a apagar y mudaron la fiesta a casa del buen Jonhy. Partieron todos, y solamente quedamos mis hermanos, Mayito (que ya estaba dormido en mi cama con su pata rota), Ayala (que me ayudó a recoger) y yo.

Metiendo el último casco de cerveza a la bolsa de basura, me di cuenta que el año había comenzado espléndidamente, y que después de mucho, mucho tiempo, me encontraba otra vez cansado, pero feliz...

¡Saludos a todos y que tengan un excelente 2009!