lunes, 15 de abril de 2013

De regreso en Galilea


-No se llama "buena vibra". No es la "buena vibra". Es Dios. "Buena vibra" es el nombre de mercadotecnia para que los agnósticos no se alebresten si les deseas que Dios los bendiga. Mejor les deseas "buena vibra" para que lo tomen con gusto y ya.

-Galilea es el lugar de la vida cotidiana.

Siempre he sido creyente de Dios (o así lo expreso), pero la verdad es que en los últimos años lo decía más por costumbre que por convicción o por realmente profesar mi fe. Abandoné a Dios durante un largo tiempo, recordándolo cuando necesitaba ayuda y dejándolo pasar desapercibido mientras todo cursaba con "normalidad". Escribo "normalidad" entre comillas porque ¿qué es realmente normal en nuestra sociedad actual?

Lo normal no es comer de sobra las veces que quiera al día, ni tener ropa disponible para más de un mes, ni trasladarme en mi propio automóvil, ni trabajar sólo ocho horas diarias y poder salir de viaje, ni conectarme a Internet desde mi computadora portátil.

Lo normal es que más de la mitad de la población mundial sobrevive con el equivalente a menos de dos dólares por día, y que sólo el 2% de la población de nuestro país puede estudiar el grado universitario. Definitivamente estoy viviendo en condiciones muy, pero muy por encima de lo "normal", y ni así fui capaz de acordarme de Dios. Sin darme cuenta, dejé de lado mi parte espiritual.

De pronto, en medio de todas las circunstancias, mi normalidad cambió en un plano muy profundo y personal. La vida me volvió a golpear, y de nuevo, me acordé de Dios (muy "espiritual" de mi parte). Por lo que este año decidí pasar la Semana Santa en un retiro de silencio, en la casa de los jesuitas en Puente Grande. Fui allá convencido de querer reencontrarme con Dios, pero sobre todo, de encontrar respuestas para saber afrontar los cambios en mi vida. Nunca me imaginé que iba a regresar con mucho más que eso.

Yo pensaba que uno mientras más crece menos siente, porque últimamente no disfrutaba tan intensamente las cosas buenas, ni sentía un impacto tan profundo con las cosas malas, como lo hacía en mi adolescencia. Después de esta semana, me di cuenta que uno siente más cuando tiene a Dios presente. Me di cuenta de que cuando pierdes espiritualidad, pierdes sensibilidad.

Abandoné mi espiritualidad y perdí la parte que integraba y hacía más fuertes todas las demás partes de mi persona. Quedé cegado, insensible, distante... Abandoné a Dios, pero Dios nunca me abandonó a mí. En cuanto acepté mis errores y me puse en sus manos con humildad, me colmó de fuerzas, me llenó de consolación al saber que nunca estuve solo y me enseñó que el camino que tiene preparado para mí lo debo recorrer compartiendo mi alegría y viendo por los demás. Viendo por las personas que más quiero, por las que me rodean y por las que no viven en mi "normalidad".

Tampoco se trata de rasgarse las vestiduras y vaciar la cuenta de ahorros y dormir en el suelo. Se trata de trabajar con humildad y con corazón, pensando en compartir la vitalidad de nuestros proyectos y pasatiempos. Se trata de aportar nuestro granito de arena para mejorar como personas, y mejorar la sociedad desde nuestra interacción más sencilla. Se trata de realizar lo que más nos guste con todo nuestro esfuerzo y compartirlo para aportar algo al prójimo. Todos los recuerdos más felices que tengo de mi vida han sido compartiendo algo. La verdadera felicidad es compartida.

Este regreso a Galilea ha sido difícil, porque como bien nos previno el Padre Hermann, los que fuimos a Ejercicios Espirituales fuimos nosotros, no la realidad. La realidad siempre seguirá siendo compleja, siempre presentará dificultades y nunca se va a resolver sola. Sin embargo, creo que encontré herramientas muy valiosas para hacer de Galilea un lugar feliz. Y lo más importante, descubrí que tengo un aliado, que siempre me ha acompañado, para que Galilea sea mejor de lo que siempre pude esperar.

Me queda claro que Dios tiene preparado un camino para mí, siempre lo ha tenido, siempre me ha colmado de bendiciones, siempre me ha ayudado a salir adelante en las dificultades. Dios es tan bueno que me está invitando a seguirlo haciendo lo que me gusta. Así que, si tengo todo, y si nunca he estado solo ¿Por qué no esforzarme al máximo? ¿Por qué sentirme desdichado en momentos difíciles? ¿Por qué no aceptar lo que viene como un reto y como una prueba de crecimiento? No puedo quejarme, no tengo de qué quejarme. Estoy vivo.

El último día en Ejercicios, Jesús me escribió una carta (a través de mí mismo, pues), esto es difícil de creer, pero cuando se llega a un nivel tan profundo de reflexión y de comunicación, se siente la presencia de Dios en todo, y de verdad sé que Él me dirigió estas palabras. Les comparto algunas líneas:

"Querido Macu:

...Perdón si me he reído de ti en más de una ocasión cuando enfrentas una situación adversa, pero es inevitable al ver tu frustración y que la mayoría de las veces tienes la respuesta frente a tus ojos. A veces también olvido que no sabes todas las sorpresas que tengo preparadas para ti.

Gracias de nuevo por esta semana, me la pasé muy bien. Espero no me olvides demasiado y sepas recibir las bendiciones y los problemas, todos como un regalo en pro de tu crecimiento. Ya sabes que yo siempre voy a estar ahí para ti. Cualquier cosa ya sabes cómo encontrarme.

No olvides hacer las cosas con amor y humildad, para esparcir la alegría entre quienes te rodean. De verdad te quiero y te aprecio, no me despido, porque siempre he estado y siempre estaré contigo, hasta el último día de tu vida. Un abrazo muy fuerte.

Atte: Jesús

PD: Recuérdalo: ¡Estás vivo! ¡Ponle corazón!"

Así que aquí estoy de regreso en Galilea, con problemas, con heridas, pero con muchas más cosas buenas, con ganas de luchar y con la certeza de que no estoy solo. Gracias a todos los que son parte de mi Galilea. Los quiero y espero hacer de su Galilea un lugar más feliz.