domingo, 27 de septiembre de 2009

Con un peso menos encima (o cuarenta mil)



¿No te ha pasado que cuando crees que nada podría ser peor, ocurre algo que empeora tu situación, y comienzas a reírte porque no puedes llorar, y quieres golpear a todos, pero también quieres que te abracen, y sabes que Dios te odia, pero te niegas a decirlo porque te da miedo que llegue un cholo a orinar en la cerradura de tu coche? ¿En serio no les ha pasado? Bueno, entonces definitivamente tienen que conocer esta historia:

Todo comenzó el día de ayer, un sábado por la mañana. Corrijo, empezó hace dos semanas. Las dos semanas habían sido abrumadoras. El día que corté con mi novia me entero de que algo terrible pasó en casa, pero mi mamá se niega a contarme hasta el día siguiente. Cuando lo hace, mi coeficiente intelectual me permite concluir que: "Ya todo valió madres" -traduciendo las dulces palabras de mi santa progenitora en una frase que me dejara todo más claro y menos tranquilo.

Por si fuera poco, saco puros 9 en la escuela. El problema es que dos de esos nueves están al revés. Desde Ámsterdam me llega el mail de dos renglones más resentido que he recibido y no sé como responderlo. Es difícil contestarle a tu padre. Mi mamá comienza a vaciar el clóset de mi papá, mete todas sus cosas de la oficina en bolsas negras y ordena que el Lunes pasen por ellas.

Todo eso en dos semanas y yo estoy desvelado, desmañanado y con un largo día de grabación por delante. Sábado por la mañana. Ya quedé de verme con Torres en el Rosario para grabar las escenas de un cineminuto que tenemos que entregar el miércoles. Cargo todo el equipo de grabación en mi Pointer blanco, que ni siquiera es mío aún. Llego puntual a la cita, pero el resto del equipo se demora otros quince minutos.

Sacamos del coche sólo lo que vamos utilizar: Cámara, tripie, rieles. Al fin de cuentas el auto está justo enfrente de nosotros. Hay muy buena disposición por parte de todos, las tomas son agradables y se respira un ambiente de camaradería. Dan las 11:30 y yo tengo que pasar por Tobías, el actor que interpreta a un asaltante. Anuncio mi partida al resto del equipo y me dirijo al Pointer.

Por alguna incomprensible razón, la puerta está abierta. Me asomo, la maleta de las luces Arri está volteada, el asiento recorrido, la chapa forzada (y gracias a Dios no está orinada). "Carajo" -me lamento con enojo y con ganas de patearle las gónadas a un cholo. Regreso a dar la terrible noticia. No podemos creer que se hayan robado el equipo de luces de la cajuela, que hayan forzado la chapa del coche, sin orinarla, y que se hayan ido caminando tan campantes enfrente de nueve individuos, en una colonia "segura".

Sin más remedio me dirijo a casa de Tobías mientras el resto del equipo continúa la grabación. Estoy ardido hasta los huesos. La impotencia me carcome. Trato de suavizar las cosas con un buen disco y ahora si me carga la desgracia: ¡Se robaron mis dos discos originales que traía! ¡Carajooooooooo! ¿Se robaron algo más los pobretones, cholos, muertos de hambre? La respuesta es afirmativa. Se robaron mi maleta con mis pantalones, mi camisa y mi chamarra para ir a una primera comunión en la tarde.

Llego por Tobías y me pregunta la razón de mi demora. Le explico el percance del pequeño robo de unas luces de $40 000 pesos. No puede evitar reírse de mi desgracia a carcajadas, mientras hace las comparaciones de a cuántos conciertos y a cuántos viajes a la playa podría ir uno con ese dinero.

-¿Y entonces para qué me querías grabar de ladrón? Hubieras puesto tu coche de carnada, escondías la cámara y cuando los cholos se fueran con las cosas les disparabas con una pistola de electro-shocks. -Continuaba burlándose de mi deplorable situación. Sin embargo, lejos de desanimarme, esos comentarios me hicieron recuperar un poco la calma, tomar las cosas más a la ligera, seguir ardidísimo y con ganas de patearles las gónadas al cholo y a Tobías.

Llegando al lugar de grabación mis compañeros me informan que debo ir al Ministerio Público a hacer la denuncia y que probablemente nos toque pagar $6 600 pesos a cada integrante del equipo, según el encargado de los laboratorios de video. (Tobías no puede parar de reír al escuchar la cantidad).

Regreso a Tobías a su casa, aviso a mi mamá que no llegaré a la primera comunión y me dirijo al ministerio con Manolo. Al llegar, sólo me dejan entrar a mí. Manolo espera dos horas afuera y como ni siquiera me han atendido, le digo que se vaya, que yo me encargo.

Al lado mío espera un señor de aspecto humilde y con los ojos completamente rojos. Después de otra hora de silencio interminable, me comparte que se encuentra ahí porque su hija está desaparecida. Se me parte el corazón, me doy cuenta de que $40 000 pesos no es nada, y menos entre seis personas, tres meses de colegiatura y tanto tiempo. Cuarenta mil pesos es sólo una cifra, pagable. Caigo en cuenta de que no estoy preocupado por el paradero de mis seres queridos, ni por si voy a tener que comer mañana, ni por si voy a despertar vivo después de estar agonizando.

-¿Crees que regrese? -me pregunta el señor con un hilo de voz. Evidentemente tenía los ojos rojos porque no había dormido en toda la noche.

-Sí, va a volver. -Le respondo solidariamente y con una extraña sensación de tranquilidad. Con un peso menos encima. (Y no te apures, van a ser $6 600 pesos menos de encima, diría Tobías).

Entro a declarar. Cuento toda la historia tal y como ocurrió. Le muestro el coche sin la chapa orinada al abogado, levanta la denuncia y me aconseja que rece porque la Ibero tenga aseguradas las luces y nos toque pagar solamente el deducible.

Cuatro horas después llego a mi casa. Creí que llegaría a dormir derrotado, o a llorar las desgracias de la vida o a esperar solo a que anocheciera. Pero no, tengo ganas de ir a la primera comunión, tengo ganas de recorrer toda la ciudad por cuarta ocasión en el día, de ver a mis primos y de comer recortes de ostias.

En el salón de la fiesta como delicioso, mis tíos y primos se ríen de mí. De vez en cuando me preguntan algo en serio para que no me sienta tan mal. Ellos no saben que Tobías ya agotó todas las bromas del tema. Después recuerdo que León juega a las 8:00. Fiel a mi equipo, asisto al estadio para presenciar una magnífica goleada de 3-0 contra el Veracruz.

Recorro la ciudad por quinta ocasión. Destino: El Clásico. ¡Bendito Pointer que todavía no es mío! No he gastado ni medio tanque de gasolina. Nunca he sido mucho de antros, sin embargo paso una de las mejores noches de mi vida. Todos mis amigos están ahí, Raúl se va a llevar mi coche y yo ya gasté $170 pesos, que se supone que no tengo, en la botella. Hoy voy a ahogar las penas en alcohol.

-Que rara es la vida ¿no, Monss? -alcanzo a preguntar mientras me sirvo una cuba que no puede mas que llevarme a la perdición.

Monsse, que conoce mi situación mejor que nadie, me da la razón. Al final llegamos a la conclusión de que tenemos problemas, pero también soluciones. Hay malos ratos, pero también hay momentos inolvidables. Hay desgracias, pero también hay recompensas. Y teniendo amigos como los que tenemos es más fácil superar los problemas, olvidar los malos ratos y verles el lado bueno a las desgracias. Es más fácil encontrar soluciones, disfrutar de los momentos inolvidables y compartir las recompensas.

-¡Pero hoy me voy a ahogar en alcohol! -concluyo sabiendo que lo tengo todo... o bueno, si alguien me quiere regalar unas luces Arri o $40 000 varos, no me agüito.

¡Saludos a todos los que fueron parte de mi día ayer! ¡Son lo máximo!

PD: Si, rompí 4 vasos en el Clásico, pero creo que se me perdona por esta ocasión. ¡Además no tengo varo pa' pagarlos!