Hacía un día nevado, completamente contrario al de la foto de este post. Me desperté a las 6:00 am en domingo. Segundo día de grabación de seis. La semana laboral comenzó desde el sábado y me esperaba un largo camino en tren a un suburbio desconocido. Sin embargo, para llegar a la estación, tenía que abordar un camión primero. Al ser domingo, el camión sólo pasaba cada 20 minutos. No podía perderlo o no iba a llegar a tiempo. Corrí a la parada de autobús, mientras nevaba densamente. Mi garganta se congelaba por dentro, mis calcetines se mojaban, pero yo tenía que seguir apretando el paso.
De pronto, a lo lejos, divisé el camión (MI camión), llegando a la parada. Aceleré el ritmo aún más, deseando que se entretuviera al cobrarles a los pasajeros. Crucé la calle despavorido apenas divisé que no venían coches y me formé con alivio, esperando mi turno para abordar. Delante de mí se encontraba un grupo de unos siete mocosos ebrios que habían sobrevivido a la parranda del sábado por la noche.
-"Let us ride for free" -rogaba malacopamente uno de los briagos -"Take us to downtown!"
El chófer no se la pensó dos veces: ¡Arrancó el muy hijo de la tiznada!
-¡Heeeeeeeeeeeeeeeeeeey! -grité incrédulo al tiempo que apreté el paso nuevamente entre la nieve, persiguiendo al desgraciado chófer, que ni por mi mochila a la espalda pudo diferenciarme del grupo etílico. Seguro traía la misma cara de desvelado que el resto de los infelices que seguían quejándose a la distancia, y mis ojeras fueron razón suficiente para abandonarme.
Por más que corrí, la escasez de tráfico no me permitió dar alcance al autobús. ¡LAPU7AM@DR3! Mojado, con la garganta raspándome por dentro y totalmente exhausto, revisé mi reloj. Sólo tomando un taxi iba a llegar a tiempo. Maldije y contramaldije, me resigné y agarré el primer taxi que encontré a pesar de mi escaso presupuesto. El chófer hindú no dejaba de describirme las mejores jugadas de la final de hockey de hombres, mientras yo contaba cada segundo antes de que se fuera el tren. A $7 dólares me salió el chistesito.
Llegué justo a tiempo para encontrarme con mis compañeros de grabación, quienes sonrientes me anunciaron: -¡Está cerrada la estación! Ya avisamos al maestro que todos vamos a llegar tarde y dijo que está bien.
¡¡¡JODER!!!
-------------------------------------------------------
Mis queridos amigos, hoy hace dos meses que llegué a Vancouver. El tiempo vuela cuando uno anda en friega y divirtiéndose. Todo ha estado increíble, he aprendido mucho, ya grabé mi primer cortometraje en Canadá, por fin puedo ver a mi novia, (aunque a veces sean puros ratitos), y la verdad no he podido turistear mucho, pero Vancouver es una ciudad muy bonita. A pesar de todo esto ¡Sí, sí los extraño bastante! Les mando un abrazo muy fuerte a todos, y aunque de pronto me pierda, quiero que sepan que siempre los tengo muy presentes y que trataré de contarles más historias chuscas que me ocurran.
Hoy me despido mandándole un saludo muy especial y un abrazote a mi querida madre, en conmemoración sus 40 primaveras (quisiera ella). Besos bye!
martes, 4 de marzo de 2014
Suscribirse a:
Entradas (Atom)
