Bueno chavos, aprovechando que todavía no hay mucho que hacer y que tengo ganas de escribir, les voy a contar la verdadera historia de como empezamos bien el año, y he decidido titularla: "La verdadera historia de cómo empezamos bien el año".
Todo comenzó una bella noche, en el cálido invierno de la hermosa ciudad de León, Guanajuato. Era una noche oscura, como cualquier noche, pero con la peculiar peculiaridad de que era 31 de diciembre. Estabamos a unas cuantas horas de recibir el año nuevo.
Yo ya me había encargado con anticipación de invitar a los queridos Chiquibandos a una "pequeña" reunión que celebraría en mi casa, con motivo del motivo, y los esperaba con unas ricas botanas y un twelve de Indio que estaba de promoción.
Cuando bajé las escaleras (porque me encontraba en la oficina), cual fue la linda sorpresa que me llevé: ¡Había un regalo bajo el árbol! Me acerqué cauteloso, como quien no puede creer que Santa haya llegado un 31 de diciembre, revisé la tarjeta adjunta a la envoltura y... vi que el regalo era de mi mamá, para dárselo a una de sus amigas. En fin, también abajo ya se encontraban Jechus, Ayala y Ro Madrazo, en compañía de mi carnal.
Los siguientes en llegar fueron Ro-Ro y Chiunti, quienes se burlaron de la desastroza idea de mi hermano y Ayala, de ir al Studio en año nuevo.
-No los van a dejar entrar -decía Ro-Ro.
-¡Claro que sí! -replicó Adrián- ¡Ya tengo IFE!
Y sacando su credencial de elector de la cartera, la ondeó por los aires, desplegando un haz de una luz blanca y cegadora. Chiunti rogó por piedad y pronunció las palabras que Adrián pensó que diría el cadenero:
-¡Hey, quitense todos de la fila! ¡El joven ya tiene IFE! ¡Denle la mejor mesa!
Partieron los ingenuos jóvenes, al igual que Jechus, pero arrivó Alejandro. Nos acabamos la botana entre los cuatro y recibimos el año a las meras 12, con saltos de júbilo, abrazos cálidos, apretujones enfermizos y pellizcos de nalgas.
Después llegaron más personajes ilustres como Torres y Mayito, y yo decidí sacar los cuetes que compré en Michoacán. Mayito, que traía el diablo por dentro (se le notaba en sus ojos maliciosos y llenos de sombras negras alrededor), dijo que iba a amarrar al niño Dios a un barreno.
Antes de llevar a cabo su malévolo plan, aventó una cebollita prendida, pero como quería que llegara hasta el cielo, bricó lo más alto que pudo y suspendido en el aire la lanzó. Dios, que prescenciaba todo desde el cielo, movió el escalón de la entrada de mi casa, para que Mayito se torciera el pie y le saliera una rodilla arriba del tobillo.
Para desgracia de Mayito, vio como su cebollita cayó justo al lado suyo y jamás prendió.
-¡Ah, me duele! -lloriqueaba Mayito como cuando su papá judío le hizo la circuncisión con un cuchillo de cocina, enfrente de todos.
-¡Ándele! -eso le pasa por andar de blasfemo- nos reímos todos.
Instantes después, llegaron los ilusos jóvenes, llenos de frustración (menos Ro Madrazo, que no fue al Studio por ir a ver a su pretendienta y los dejó esperándolo 40 minutos).
-¡No manches! -exclamaba Adrián incrédulo- ¡No nos dejaron entrar!
-Pero ¿por queeeeeé? -se burló Chiunti- ¿Que no enseñaste tu IFE?...
Ro Madrazo que también se reía de Adrián, comenzó a cambiar las figuras del Nacimiento de lugar, poniendo a los animales dentro del portal y a María arrodillada frente a Melchor.
Torres y Adrián indignados lo regañaron, pero Ro hizo caso omiso y dejó las figuras en desorden.
-¡Dios ya castigó a Mayito! Te va a castigar a ti también -sentenció Torres.
Se abrió la puerta de la cochera, anunciando la triunfante llegada de mi mamá (y de Paul, Christian, Edgar (Matraca) y Johny). Ro acomodó en dos segundos el nacimiento, pero el daño ya estaba hecho, y Torres le advirtió que no llegaría a su casa esa noche...
Seguidamente decidimos tronar todos los cuetes. Así que juntamos las mechas de más de 50 cebollitas, algunas palomas y bombitas de luz, para prescenciar un espectáculo de luces, digno de Disney Landia y lanzamos un cerillo prendido.
Volaron chispas en todas direcciones y las luces no cesaron por alrededor de dos minutos continuos. La mayoría de los espectadores disfrutaban del evento desde adentro de la casa, a través de la ventana, pero Ro Madrazo se quedó a unos cuantos pasos de los fuegos. Brincó, bailó, gritó y rio de forma desenfrenada. Estaba feliz, cual diablo en el infierno, en medio del reguero de pólvora y fuego, y me tenía al borde de un infarto de tanta risa. (De hecho lo tengo grabado, cuando suba el video comprenderán porqué me reí tanto).
Cesaron las chispas y Rodrigo rio otras dos horas, y después se marchó para llegar a salvo a su casa, rompiendo con todos los pronósticos de Torres.
La fiesta continuó por horas y creció con las llegadas de Tobías, Yema, Apa, Raúl, Riki y Chango. Fue enriquecida por los duelos de mamás entre Chiunti y Paul, y por los chistes malísimos de Christian (pero como nos dieron risa), hasta que finalmente mi santa madre se declaró muy cansada, y al oir que el propósito de año nuevo del Apa era comer chilaquiles el día primero, me pidió que amablemente les dijera que si podían dejarla dormir. (Ay jefa, ni aguantas nada, apenas son las 5:30 am, le dije, pero no me hizo caso).
Christian en señal de protesta, volvió a prender la música y comenzó a cantar al ritmo de Maná:
-Me vale, vale, valeeee. ¡Me vale todo!
Pero a los cinco minutos la volvió a apagar y mudaron la fiesta a casa del buen Jonhy. Partieron todos, y solamente quedamos mis hermanos, Mayito (que ya estaba dormido en mi cama con su pata rota), Ayala (que me ayudó a recoger) y yo.
Metiendo el último casco de cerveza a la bolsa de basura, me di cuenta que el año había comenzado espléndidamente, y que después de mucho, mucho tiempo, me encontraba otra vez cansado, pero feliz...
¡Saludos a todos y que tengan un excelente 2009!
