
Que ondas chavos, acá escribiendo el primer post desde el hemisferio Sur. Para los que no sepan, Manolo y yo tenemos tres días viviendo en Buenos Aires y ya ocurrió la primer aventura dignísima de post. Espero les guste, agasajen la vista.
Todo comenzó el día de hoy, una bella mañana soleada, tal vez un poco muy soleada. Manolo y yo nos dirigíamos felices a comprar nuestros boletos para ver a Franz Ferdinand el 12 de Marzo, y mientras disfrutábamos de las maravillas de la ciudad. Llegamos al lugar donde vendían los boletos y los compramos sin mayor problema. ¡Vamos a ver Franz Ferdinand! Estábamos felices, porque además nos encontrábamos en lo que llamamos "Downtown Buenos Aires", una zona peatonal llena de tiendas de todo tipo, con restaurantes y rodeada de edificios.
De ahí nos dirigimos a ubicar donde estaba el teatro, para saber llegar el día del concierto, y posteriormente iríamos al HSBC a abrir una cuenta, para que mi papá me pudiera depositar. Como no sabía cuánto era el mínimo para abrir la cuenta, me llevé 100 dólares.
Sin mucha prisa comenzamos a entrar a tiendas de fútbol y de ropa deportiva (Checo, la playera de Estudiantes está agotada). Siguiendo nuestro camino por las calles, una señora de un kiosco le dio un volantito a Manolo y le dijo algo que no escuché. Manolo me indicó que lo siguiera y le hice caso, a la vez que éste seguía a la doña del volante.
-¿A dónde vamos? -le pregunté a Manolo.
-A un paseo. -Me respondió.
Pensé que se trataba de un turibus o algo así, pero le pregunté para cerciorarme: -¿A un paseo?
-Si, a un table.
En ese momento empecé a dudar "¿¿¿A un table???" y le dije a Manolo que no entráramos.
-No te preocupes, me dijeron que es sin compromiso... -me dijo Manolo muy tranquilo- nomás nos van a enseñar el lugar.
Lo seguí sin estar muy confiado, y llegando a la puerta me indicó Manolo que entrara. "Ni madres" -pensé- "que entre Manolo primero". Y le indiqué que entrara él. Nos subieron por una escalera con alfombra roja hasta una puerta, y una vez que cruzamos la puerta, me di cuenta lo estúpidos que habíamos sido, pero ya no había vuelta atrás.
Nos metieron al bar de más mala muerte que el rincón de los malditos, en un cuartito estrecho, donde nos hicieron sentarnos. Pronto llegó una pu7a (perdón por la expresión, pero eso es lo que era: una pu7a hija de pu7a! Y lo peor es que hasta estaba fea). Se acercó a Manolo y le comenzó a explicar que le iba a dar una tarjeta de descuento o no sé que diablos. Yo lo único que tenía en mi cabeza era: "ya vámonos, ya vámonos".
Pero en eso, llegó otra pu7a, también hija de pu7a (y esta no estaba fea, estaba espantosa la inche araña) y se pasó ella con Manolo, y la que estaba con él se sentó al lado mío. Muy amigables las perras. Siguieron hablando de las promociones y de no sé cuantas madres (todavía no entiendo muy bien el argentino y no les puse mucha atención porque yo quería largarme de ahí).
-Pero ¿por qué tan tensos chicos?, relajate. -Dijo la pu7a al verme tan nervioso.
-Es que tenemos que llegar a nuestra casa -dijo Manolo, dándose cuenta de que la había regado.
Yo ya estaba a punto de pararme e irme, cuando de repente entró una gorda con unas bebidas, y nos dijo que nos las tomáramos.
-No gracias, y ya nos vamos.- dije.
-Pero tienen que pagar las bebidas -dijo la gorda.
¡Ya nos ch!n6ar0n ora sí! Porque no sólo eran las dos Cocas light (o eso dijeron que eran) de Manolo y mía, también eran las bebidas de las gatas estas, que llevaron junto con las Cocas con toloache.
-Pero dijeron que era sin compromiso. -repliqué, sabiendo que ya estábamos jodidos.
-La entrada era sin compromiso, esa se las dejamos gratis. Pero les explicamos que las bebidas eran obligatorias y las tenían que pagar. Son 60 pesos (Argentinos, obviamente) de cada Coca y 240 pesos de cada copa de las chicas.
¡Ora si! Intenté salirme y empujé ligeramente a la gorda, que estaba bloqueándome la salida. Mala idea, las pu7as se alebrestaron y empezaron a gritar. Como yo no sabía si tenían algún arma o algo, o si podía llegar Hulk al rescate, decidí mejor ya no hacer nada.
Manolo sacó los pocos pesillos que traía y yo dije que no tenía nada. Obviamente no tardaron en decirme que me vaciara las bolsas y en ver los pesillos que traía y el billete de 100 dólares. ¡Hasta les brillaron los ojos a las desgraciadas! Y todavía las muy sin vergüenzas reclamaban que faltaba dinero y le pidieron su tarjeta a Manolo. Él les dijo que no servía más que en México. La gorda se distrajo y me salí del lugar, enojadísimo, con ganas de quemar el maldito tugurio con todo y pu7as, para después orinar en los cadáveres. Esperé a Manolo a que saliera, buscando a un policía, para decirle que unas pu7as nos habían desfalcado y estaban violando a mi amigo adentro.
Manolo salió a los 30 segundos, y al ver mi cara de encaboronao, me dijo:
-Ya wey, ya ni modo, yo te pago eso -reconociendo que él me había llevado a ese lugar del diablo, donde todo había sido sin compromiso.
Decidimos ya no buscar a un policía, porque según las perras, les habíamos quedado a deber dinero, y no teníamos forma de comprobar nada.
-Pero ¿para qué querías ir a un table? ¿Por qué no dijiste que no? Cuando dicen SIN COMPROMISO quiere decir, con un ch!n6o de compromiso, y además bien carísimo. -Le reclamé a Manolo.
Manolo no pudo evitar reírse de mi enojo y me dijo que me calmara, que él me pagaría todo. Seguimos caminando y más tranquilo le dije:
-Bueno wey, a veces así se aprende, a la mala, y ni modo. Ya aprendiste tu lección, y digo aprendiste, porque yo no hubiera entrado. Y bueno, la verdad también yo no sé porqué no te seguí insistiendo que no.
-Ya sé, ¿por qué no me dijiste "¡Manolo no, no mam3s!"? -me reclamó Manolo.
-No sé -respondí cabizbajo, cual perrito arrepentido- todo fue muy rápido... ¡Y lo peor es que ni ganas tenía de entrar a un inche table! ¡Estábamos turisteando a gusto!
Seguimos paseando por la ciudad con los bolsillos completamente vaciados (o bueno, las perras me dejaron quedarme con un billete de un dólar que traía), ya riendo un poco de la situación, pero con la sensación de impotencia aún latente.
... y ¿sabes qué es lo que más coraje me da? -Le dije a Manolo- ¡Que ya estamos "tan grandotes" y nos chamaquearon feo!
Manolo se rió y concordó conmigo, "caímos redonditos". Sin querer llegamos a la casa Rosada (Los Pinos de Argentina), descansamos un rato de ahí, después de haber llegado al teatro donde será el concierto, y nos regresamos a la casa, más pobres de dinero, pero ya un poco menos chavos de enseñanza, sabiendo que las grandes ciudades no son para los ingenuos (por no decir p3nd3jos), y que pudo ser mucho peor. Al menos ya habíamos comprado los boletos, no nos robaron nuestras cámaras y sobretodo, no salimos lastimados.
Espero las pu7as sean más pobres que perras, y que de verdad necesitaran ese dinero. Espero que ustedes se hayan reído de nuestra inocencia (eso nos pasa por creer que todos son igual de buenos que nosotros, pero no volverá a pasar), y yo espero que en unos años pueda acordarme de esta anécdota, también riéndome, y que sea lo peor que nos vaya a ocurrir en nuestra estancia por la tierra donde las pu7as desfalcan sin pistola.
¡Saludos a todos! También espero que comenten y que sigan checando el blog, que volverá a ser escrito con regularidad.