Después de romper el récord mundial
de agarrar un vuelo de conexión en menos tiempo, por fin voy volando hacia
Vancouver. Las despedidas siempre han sido difíciles. No es sólo que deje mi
querida ciudad y mi querido país, con todos los lujos que esto implica
(especialmente clima y comida), sino que dejo a todos mis amigos (hermanos) y a
mi familia, con quienes ya había establecido una “rutina” bastante divertida y
cómoda. Supongo que ya era tiempo de salir de mi zona de confort para seguir
creciendo.
No había leído las cartas que me
mandaron mis papás, ni los comentarios que me escribieron algunos en mi libreta
el día de mi despedida. Acabo de hacerlo entre lágrimas de risa por tanta
estupidez y ocurrencia redactada y lágrimas de nostalgia por sus buenos deseos,
sus consejos y porque definitivamente ya los extraño.
Es normal que tenga sentimientos
encontrados. A pesar de la emoción y la expectativa que me genera este viaje, nunca
me voy a acostumbrar a despedirme de la gente que quiero. Soy consciente de que
la oportunidad que estoy teniendo para cumplir mi sueño profesional es
invaluable y que muchos quisieran poder tenerla. Trabajé mucho para conseguir
esto, pero también he sido muy afortunado. Por eso tengo que “romperla” en
Canadá.
Por si fuera poco, o faltara
motivación alguna para el viaje, mi México me despidió de la mejor forma
posible. A lo largo de estos últimos meses me fue dando regalos invaluables,
que parecerían detalles simples o cuestiones tontas, pero son esos detalles los
que le van dando sabor a la vida y hacen mágica y variada la “rutina”.
Me pude despedir de la playita en
Vallarta, vi a Stereophonics, mi última banda preferida que me faltaba ver en
vivo, (y a Muse y a Phoenix), México calificó al Mundial, vinieron los Foo
Fighters a nuestro país por primera vez en la historia y sin estar de gira, me
fui con mi familia una semana al lugar más hermoso del mundo (Chiapas), vi a
casi todos en mi despedida, e incluso, durante el transcurso de mis últimos
días, me fui encontrando a algunos que no pudieron asistir. Nada más faltaba
que León quedara Campeón ¡Y hasta eso pasó! (Y calificó a Libertadores y
Concachampions).
No puedo dejar de mencionar mi despedida de la comida ayer en tacos Don Luis, y el detallazo de los churpios Eugenia, Maye y Jhony, que llegaron de sorpresa a despedirme en el aeropuerto, con todo y que morían de congelación.
Definitivamente, soy muy afortunado
y más aún porque todas estas experiencias las pude compartir con la gente que
quiero. Nunca voy a dejar de estar agradecido con todos ustedes, y espero que
sepan que aquí tienen un amigo, (o primo, o hermano, o hijo, o mascota, o lo
que quieran) con quien pueden contar y que les desea que sean tan felices como
él lo ha sido.
Los quiero a todos, y aunque
algunos ya me plantearon la posibilidad de que no regrese nunca, ya hasta voy a
comprar un Smartphone para tener Watsá y que no se libren tan fácil de mí.
Gracias por su apoyo, por compartir
su tiempo conmigo, por dejar su sello en mí, por convertir la rutina en un
lugar increíble y por hacer tan difícil la despedida.
¡Un abrazo desde el cielo y nos
vemos pronto chavales!

1 comentario:
Macu!! Sigue siendo muy feliz y pásame tu Watsa' !!!
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