viernes, 7 de mayo de 2010

Los millonarios que no tienen ni dos pesos










Chavos, tenía rato sin escribir, pero es porque había estado un poquillo ocupado: se acercan los exámenes, tuve que tramitar mi visa de estudiante y además esta semana fue muy productiva.

El viernes pasado fui al Monumental a ver el partido de River contra Vélez. El partido fue bueno, a pesar de que River no vive su mejor momento. El estadio es majestuoso, con su graderío imponente que puede albergar hasta 80 mil aficionados, pero lo más impresionante de todo es la cantidad de gente que cantó durante los 90 minutos. Manolo y yo fuimos acompañados de Johny (Adolfo, pero le decimos Johny porque está igualito a Jonathan), y nos llevó a la zona popular, donde está la mera barra brava (Los Borrachos del Tablón). Es increíble como hay personas que no ven absolutamente nada en todo el partido, por estar volteados a las tribunas, cantando y animando a los demás hinchas. Al final el partido terminó 2-1 a favor de los locales.

El domingo llegó mi tío Perico a Buenos Aires, porque tenía una cacería en Río Negro, por lo que al día siguiente salía temprano. Ese día sólo fuimos a cenar unas empanadas. Mi tío me hizo el favor de traerme mi compu nueva (desde donde les escribo un post por primera vez), además de dos salsas Valentinas, para poder comer papas de verdad.
A los pocos días mi tío regresó a Buenos Aires con sus trofeos, contento de haber logrado su cometido, a pesar de que se tuvo que quedar un día más de lo planeado, porque los condenados jabalíes no salían.

Para seguir con la semana futbolera, el martes fuimos a ver a las Chivas contra el Vélez, en el partido de vuelta de los octavos de final de la Libertadores. Ahí nos encontrábamos Manolo, Tito (un amigo de Guadalajara que también está de intercambio), mi tío Perico y yo. La experiencia fue divertidísima, porque compramos boletos para estar con la porra visitante, entonces encontramos a gente de todo México, con una tribuna para nosotros solos, acordonados como con 30 policías. Las Chivas ya tenían una ventaja de 3-0, pero contaban con 5 titulares menos, porque estaban en la selección y además su segundo portero estaba lesionado, entonces el portero titular fue super Liborio.

Como el Vélez estaba festejando su centenario, tronaron más cohetes que en la inauguración de la feria de León. Las tribunas, que tampoco dejaron de cantar los 90 minutos, se llenaron de banderas y de humo color azul y blanco (los colores de Vélez). Fueron cerca de 5 minutos que no cesaron los fuegos artificiales. Antes de comenzar el partido no se alcanzaba a ver de las tribunas al campo.

El partido comenzó y la propuesta de las Chivas era clara: Defenderse y consumir el tiempo. No pasaron ni tres minutos, cuando el Liborio se tragó el primer gol. El panorama se ponía feo, porque la multitud enloqueció y animó con más intensidad. Transcurrió el partido y Liborio sacó todo. Incluso paró un cañonazo con la cara y soportó una plancha que le cometieron y que el árbitro ni vio. Los mexicanos no dejamos de gritar en cada intervención del guardameta: "Liborio, Liborio". Al igual que el ya clásico: "Suuuuuuuusto", cada vez que sacaba el portero de Vélez. "Que no nos vean a la salida porque nos matan" -me decía mi tío que traía puesta una chamarra con dos banderitas de México.

Faltando 15 minutos para que se acabara el partido, nos indicaron que mejor abandonáramos el inmueble, por si las dudas. Tomamos el primer taxi y continuamos oyendo el partido por la radio. Tito ya iba festejando el triunfo de sus Chivas, cuando escuchamos que el Vélez anota el segundo tanto. Estaban a un gol de empatar el global y forzar a la tanda de penales, y todavía quedaban 4 largos minutos de reposición. Fue el trayecto de taxi más lento que Tito ha tomado, pero finalmente, las Chivas lograron el pase.

Llegamos al centro de Buenos Aires a cenar, Tito se despidió y Manolo y yo entramos con mi tío a un restaurante de carnes delicioso, que se llama "La Estancia". Pedimos chivo y lechón, acompañados de buen vino tinto y una Quilmes (porque no te venden cerveza cerca del estadio cuatro horas antes de un partido ni una hora después. ¡Mucho menos adentro!).

-He cenado con muchas personas diferentes en este restaurant -nos comentó mi tío-Aquí cené la última vez que llevé a tu abuelo de casería, hace 13 años.

-Yo quise mucho a tu abuelo Ricardo -me dijo mi tío- y que fea enfermedad le tocó vivir, que ya no podía ni hablar, ni moverse, pero se daba cuenta de todo. Me acuerdo de tu abuela Bertha, que le decía: "Ricardo, mira quien vino a verte, es Perico". Y que tu abuelo se me quedaba viendo fijo y de repente nada más se le escurría una lágrima. ¡Se me partía el alma!
Por eso ahorita hago todo lo que me gusta y me voy de cacería cada que puedo, porque ya después que esté más viejito quien sabe qué pase...

Durante la cena, también nos contó la historia de Aristóteles Onassis, uno de los magnates multimillonarios más grandes de los 70's. Dicen las fuentes fiables (no las malas lenguas), que ya en sus últimos momentos de vida, Aristóteles tomó al médico que lo trataba y le dijo que le daba TODA su fortuna, si lo hacía vivir un día más. El doctor le respondió que no había manera, ni todo el dinero del mundo lo haría vivir más.

-¿Saben lo que daría yo por tener 22 años otra vez? -nos preguntó mi tío- No soy ningún Aristóteles Onassis, pero daría todo lo que tengo porque pudiera regresar a su edad. ¡Ustedes son ricos y no se dan cuenta! Aprovechen mucho la edad que tienen, porque cualquiera cambiaría todo por ser joven otra vez. Estudien, conozcan, aprendan, viajen, disfruten cada día...

Mi tío se quedó un par de días más en Buenos Aires, y el día que se fue todavía me invitó a comer otra vez a "Los Chilenos", el mejor restaurat de mariscos que he probado acá y la segunda mejor comida, después de la cena en La Estancia. Acabando de comer, lo acompañé a su hotel a que recogiera sus maletas, y ahí nos despedimos. Le agradecí mucho por traerme mi computadora y mis salsas, por las salidas a comer y por los días tan gratos que pasé en su estadía por la Argentina.

-Nunca se nos va a olvidar sobrino- me respondió sonriente, como siempre está.

¿Y cómo se me va a olvidar? Si todavía mi tío, al ver mi muñeca sin reloj, se quitó el suyo y me lo regaló. No se lo quise aceptar, pero él insistió. Espero que no haya sido porque llegué tarde por él un día que estaban parados los Subtes jajaja.

Un saludo muy grande y afectuoso para mi tío Perico y para todos los millonarios que no tienen ni dos pesos.

4 comentarios:

Rosita dijo...

Amor que bueno que te la pasaste pkm en tu semanaaa sobre todo despues de tan arduo trabajo en la uni, yo creo que ya merecias una semana asi jajajajaj ... ahhh q padree que envidia de la buenaaa =), oye y se ve que tu tio es bn lindo y tengo una ligera sospecha que si te dio su reloj por eso :P jajaja... oyeee ya te extrañooooooooo =), cuidateee y portate bien =) te quieroooo

Rosita dijo...

jajajajaj la vdd la ver que traias puesta la del LEON jaja te iba a decir algo jajaja pero como no quiero problemas maritales jajaja mejor solo te recuerdo que la papaya es buena para la salud jajaja te quierooo =)

Adal/Cris dijo...

Jajajajaj condenada Rosa, esa no era la apuesta! Además no te rías mucho, que en una de esas se nos hace el milagro de que mis changas verdes remonten y la que se tenga que comer el biónico de papaya sea otra eh! No digas nada hasta el sábado jajaja Love you!

Rosita dijo...

PAPAYAAAAAAAAAA! jajajajaj te amooo =), para que veas, te voy ayudar a comertelo pero solo poquito =) te amooooooooooooooooo ya sera el prox año mi amor para que veas los partidos en vivo